¿Tiene, por así decirlo, “truco” esta historia…?
¿Puede considerarse que un sueño es una experiencia? Seguro que Sigmund Freud y la inmensa mayoría de psicólogos y psiquiatras, así como muchos filósofos, pensadores y gente totalmente corriente -en referencia a su profesión- consideraría que sí. Por supuesto, podría ser una cuestión abierta al debate. Según mi modesto entender, y supongo que el de muchos psicólogos, un sueño es una experiencia de naturaleza mental y psíquica -en realidad psicosomática- una vivencia interior e íntima, pero experiencia al fin y al cabo.
Podríamos ahora pensar en diferentes experiencias donde la parte mental o psicológica parece tener más predominancia que la física, con independencia de si el sujeto las vive despierto o dormido. Por ejemplo…Escuchar música (mejor con los ojos cerrados, quizá con auriculares), imaginemos que nos encontramos hundidos en el sofá de nuestra casa, escuchando una sinfonía, a Pink Floyd o lo que sea. Practicar posturas de yoga (lo mental es muy importante). Hacer meditación. Someterse a una regresión hipnótica, o a cualquier sesión de psicoterapia o psicoanálisis (ejemplo clásico, en el diván). Ponerse unas gafas 3D, o modernos dispositivos que nos sumerjan en una realidad virtual (esto ya no es ficción, y me parece una buena similitud con el soñar). Estar sometido al influjo de haber tomado drogas o alcohol (ese colocón, viaje, flipe, alucinación, trip, tripi o borrachera también es una experiencia). Y así podríamos seguir. Incluso algunos de estos ejemplos han sido explorados y explotados por la literatura y el cine, poniendo de manifiesto lo difuso de las fronteras entre sueño y vigilia, realidad y recreación, lo interior y lo exterior, la realidad objetiva y la captación de ésta por parte de la mente. Tenemos por ejemplo el film Inception (Origen en España y El origen en Hispanoamérica), dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Leonardo DiCaprio. O podemos preguntarle a Neo, de Matrix, qué es real y qué no, si soñamos o experimentamos un mundo real…
(Me encanta ese guiño iniciático de Matrix, esa alusión clarísima al “despertar”, dicho sea de paso)
Por tanto, me parece claro que un sueño es también una experiencia, aunque naturalmente algunos podrán discrepar o ponerlo en duda. Obviamente, no es lo mismo conducir un coche en el mundo real -despiertos- que conducirlo dentro de un sueño, o comerse una paella (aunque ese bistec de Matrix, cabe decir, parecía el personaje estarlo saboreando sensorial y mentalmente de una forma muy convincente y “realista”). No obstante el tener sueños es una actividad que realiza un sujeto habitualmente en una cama y de noche, aunque ambas premisas no son indispensables e inamovibles. Uno puede dormir -y soñar- en un sofá o sillón, en un transporte público, en un aula de la universidad (clase soporífera), en su puesto de trabajo, en una sala de cine (la película es muy mala o no nos interesa, o estamos reventados), o en un sillón del gobierno o el parlamento…
(Parece que parte de nuestros impuestos se pierde en los brazos de Morfeo. No sabemos si llegaron a tener visiones oníricas, y quizá ni siquiera dormían, solo “echaban una cabezadita”. Quizá somos unos malpensados y estaban realizando una “introspección profunda” de las propuestas de otros parlamentarios)
Y por supuesto, se puede soñar despierto. A plena luz del día, funcionando en el mundo real, se pueden tener ensoñaciones o visiones. Incluso algunos/as afortunados/as pueden (mientras duermen) teledirigir, crear y tener sueños lúcidos a voluntad, lo cual es sin duda fascinante y provoca una sana envidia. Por todo lo expuesto parece bastante claro que soñar sí es una experiencia, pero de carácter fundamentalmente mental -como lo es pensar, leer, recordar, meditar, calcular, crear, incluso escuchar u observar si involucramos a los sentidos-. La gran diferencia es que suele ocurrir mientras se duerme, y que es la parte subconsciente la que toma las riendas del proceso.
Por otro lado, todos sabemos que el cerebro humano es como un ordenador. La ciencia y la neurología lo ponen de manifiesto. Miles de millones de conexiones neuronales en la que es probablemente la “máquina” más compleja y avanzada que existe. Y es durante los sueños que toda la información recibida durante el “día”, durante la vigilia o dominio de la parte racional, todos esos datos o inputs son reelaborados, remezclados, reinterpretados, reprocesados e incluso se ha demostrado que desechados en cierta medida.
Toda esta disertación -aunque pudiera parecerlo- no pretende ser una justificación porque tuve un sueño determinado. Nadie necesita “justificar” sus sueños, ni tampoco defenderlos. De hecho, si quisiéramos no tendríamos siquiera que analizarlos o explicarlos. Sin embargo, todas estas reflexiones me parecen útiles a la hora de situar en contexto los sueños como experiencia -extremo que tengo clarísimo-, de pararse a pensar en qué consisten y trazar paralelismos con las experiencias en estado de vigilia. Las fronteras real/mental, objetivo/subjetivo, interior/exterior a veces no parecen tan claras, como apuntaban anteriores ejemplos. ¿Conducir es una experiencia “real”, mientras que soñar que conduces no lo es? También lo es, sólo que la experiencia es vivida -usualmente- tumbado en una cama mientras se duerme, y la “acción” se circunscribe obviamente al ámbito mental.
En relación a todo esto, me parece muy interesante detenerse un momento en cómo los japoneses expresan el acto de soñar. En japonés, “soñar” se escribe de la siguiente manera:
夢を見る
Se lee de la siguiente forma: “Yume o miru”. El primer ideograma o kanji, el más complejo -a la izquierda- se lee “yume” (ゆめ en hiragana) y significa “sueño”. La partícula “wo” (を) se lee “o”, esa “w” es muda, y es una partícula que indica entre otras cosas el complemento directo. Mientras que la última palabra es el verbo “miru” (みる en hiragana) y significa casualmente “ver, mirar, observar” en castellano. Esto quiere decir que en japonés “soñar” se expresa literalmente como “ver o mirar un sueño”. Lo cual resulta de lo más ilustrativo, pues acabamos de reflexionar sobre el hecho de que nuestra mente se convierte en una especie de pantalla de cine cuando soñamos. Ante nosotros pasan las imágenes, como en una película, y a veces lo más fascinante es que ese espectador ve su propia naturaleza o identidad diluida, confundida, mezclada, difusa, mutable.
No está de más que hablemos de la sustancia conocida coloquialmente como DMT. Quizá algunos no sepan de qué trata este asunto. Yo mismo desconocía el tema hasta hace pocos meses. El nombre científico completo de la DMT es N,N-dimetiltriptamina, y se trata de un enteógeno (sustancias o preparados vegetales con propiedades psicotrópicas, es decir, que al ingerirse provocan estados modificados de conciencia). Este enteógeno pertenece a la familia de la triptamina (a su vez, alcaloides presentes en hongos, animales y plantas). Ejemplos de enteógenos son el peyote o la ayahuasca (o yajé/yagé). Muchas culturas, indígenas y modernas, ingieren DMT como sustancia psicodélica, en extractos o en forma sintetizada (por ejemplo, de forma oral o fumada).
Es decir, la DMT se encuentra de forma normal en la naturaleza, en numerosos animales y plantas (en mayor o menor concentración) y es la molécula alucinógena o enteogénica más potente que puede encontrarse. La ciencia se ha interesado estas últimas décadas por esta molécula, descubriendo que el cuerpo humano la fabrica de forma natural y endógena (se pueden encontrar trazas en la orina o el cerebro). Algunos estudios apuntan o sugieren que la DMT sería la responsable de los efectos visuales del sueño natural e incluso de las visiones en las experiencias cercanas a la muerte y otros estados alterados de conciencia o “místicos”. Es más, se especula con que la glándula pineal es el órgano que la sintetiza de forma natural, mediante un mecanismo bioquímico que haría que los niveles de DMT en el cerebro fueran periódicamente aumentados para inducir alucinaciones oníricas visuales…
No es de extrañar por tanto que a la DMT se la llame también la molécula espiritual o la molécula de Dios (ya vemos que el bosón de Higgs no es el único damnificado por simplismos infantiles). En cuanto a la propia glándula, llamada también epífisis, es un órgano del tamaño de un piñón situado justo en el centro geométrico de nuestro encéfalo. Su misión es la secreción interna que está relacionada con la regulación de los ciclos de vigilia y sueño (ritmos circadianos) y con los procesos de la pubertad. También actúa como un poderoso antioxidante y es un magneto-receptor (sensible a los campos magnéticos).
Se puede encontrar mucha información en la red sobre la glándula pineal. Estos últimos años se han puesto de moda técnicas para estimularla, hay artículos y vídeos sobre ello. Parece que puede hacerse mediante sonidos y que es particularmente efectivo hacerlo en la oscuridad, pero esto requiere práctica y constancia. Sin embargo, esta pequeña “piña” se calcifica casi en su totalidad a causa del flúor (lo normal es que un adulto la tenga prácticamente calcificada). Si se la considera la puerta hacia las percepciones extrasensoriales, o hacia un mundo de experiencias místicas o acceso a otros planos de la realidad -eso sostienen los que creen en todas estas cuestiones- no es de extrañar el interés en intentar reavivar sus asombrosos efectos sobre el ser humano y su psique.
A esta glándula se la ha relacionado con el tercer ojo, o lo que es lo mismo, el sexto chakra situado en el entrecejo (Ajna chakra), aunque los entendidos en estas materias aseguran que estaría más conectada con el séptimo chakra (llamado también corona, o Sahasrara chakra), situado en la parte superior de la cabeza…
(Los siete chakras del ser humano. En azul oscuro, el sexto o popular “tercer ojo”, y en violeta el chakra superior o corona)
En paralelo con todas estas cuestiones -la visualización de imágenes oníricas, el papel de la DMT y el sustrato o aspecto físico-químico de los sueños- podríamos mencionar también la naturaleza de aquéllo que conocemos por “amor” y las últimas investigaciones de la ciencia al respecto. Éste podría ser un debate interminable, sin duda. Pero las personas de temperamento escéptico, o las que no quieran oír hablar de nada de naturaleza psíquica, inmaterial, idealística o espiritual, o también los que ven cualquier fenómeno desde un punto de vista puramente empírico, material y científico, seguramente tomarán el amor como un fenómeno producido por procesos físico-químicos y por impulsos eléctricos en el cerebro. Sin duda también muchos científicos, aunque no se puede generalizar ni olvidar que un científico al fin y al cabo también es una persona. Una serie de sustancias, hormonas y procesos podrían explicar lo que se conoce por amor, o por lo menos ofrecer el aspecto empírico y tangible de éste. La semejanza de todo esto con las mencionadas investigaciones sobre la DMT y los sueños es obvia. ¿Los sueños, las emociones y el amor son simplemente reacciones químicas, procesos de naturaleza biológica y molecular, chisporroteos eléctricos en ese laberinto formidable de neuronas? ¿Somos simplemente “máquinas” biológicas? ¿Estos son sólo los aspectos más materiales, o podríamos vernos reducidos hasta ese extremo? La manera de enfocar toda esta información proporcionada por la ciencia puede ser muy diversa.
Ya es hora de hacer la pregunta que encaja perfectamente con todo lo expuesto anteriormente: ¿Cúal fue el argumento de esa película que tuvo lugar en mi mente? ¿En qué consistió mi sueño?
El primer dato que debo apuntar es un poco decepcionante: El sueño en cuestión fue realmente muy breve y recuerdo muy poca cosa, pero eso no le resta intensidad. Sucedió como he comentado siendo de día -dentro del sueño- y la primera imagen que me viene a la cabeza es la galería trasera de la casa donde vivía antes (mi madre sigue viviendo ahí, por tanto era un escenario perfectamente identificable). Galería no en el sentido de un corredor ni tampoco de una zona acristalada, sino lo que se conoce en muchas ciudades españolas y grandes ciudades como galería: Un gran balcón en realidad, en la parte trasera de la casa. Usualmente se utiliza para tender la ropa, tener ahí la lavadora y otros trastos, e incluso en algunos casos el WC queda situado en esa parte exterior. Muchas veces esas galerías dan a un inmenso patio interior de vecinos, especialmente en la zona del Eixample barcelonés…
El que escribe estaba viendo esa galería (casa modesta de alquiler, un tercer piso) y miraba hacia un cielo azul. Y en ese cielo se movían y oscilaban varias luces muy brillantes, que por momentos simplemente se mantenían suspendidas. Debo calificarlas de ovnis si nos atenemos a la definición clásica: Luces brillantes no identificadas que se movían. Desde luego, si me preguntaran al igual que harían con un testigo en sus horas de vigilia, diría que en ningún caso se trataba del Sol, estrellas ni nada parecido. Tampoco eran aviones ni ninguna clase de máquina, ingenio mecánico o metálico, vehículo o nave de cualquier procedencia, terrestre o no. ¿Algún color en particular de esas luces? ¿Amarillas, rojizas quizá? Claramente eran luces muy brillantes que podrían calificarse de blancas…
Las sensaciones son precisamente una parte importantísima y fascinante de los sueños, y seguramente lo más difícil de expresar con palabras. La sensación que experimentaba hace que aplicarles la palabra “objetos” a aquéllo que se movía en las alturas sea muy impreciso. No, no cuadra en absoluto el vocablo “objeto”, y muchísimo menos el de “máquina”. Sin embargo, a pesar de lo dicho anteriormente, sí que flotaba una cierta noción de que se trataba de naves, pero ahora matizaré esta cuestión…Las luces, en los momentos que no estaban fijas y suspendidas, parecían danzar como en una especie de juego, casi entendiéndose entre ellas. ¿Una coreografía?
Lo más sorprendente y lo más hermoso es lo que viene a continuación, más allá del hecho sorprendente en sí mismo de ver luces brillantes danzando: Esas luces parecían seres vivos, inteligencias dotadas de conciencia. De hecho, la palabra “parecían” se queda muy corta: La sensación clarísima, diáfana y totalmente indiscutible era que se trataba de seres inteligentes al mismo tiempo que “naves” u “objetos” (mejor decir “luces en movimiento”, insisto). Pero antes y primerísimamente, eran conciencias. Y no solamente eso. Lo maravilloso en verdad es que esas conciencias irradiaban una felicidad, una alegría y una armonía indescriptibles, inmensas. Podrá resultar quizá “increíble”. No lo olvidemos: Estamos dentro de un sueño -donde todo es posible y la mente o la imaginación parecen dinamitar todo límite- y eso es lo que “vi” y lo que “sentí”.
Sensación absoluta de maravilla y de sorpresa ante el hecho de constatar y descubrir que esas cosas eran antes que nada seres radiantes, con una conciencia consistente en gozo, paz y armonía. Seres de luz, literalmente. Porque dentro de ese sueño yo estaba bastante lúcido y podía razonar, de manera que pude “ver” mi propio pensamiento de sorpresa al darme cuenta de que no eran “objetos” simplemente. No eran máquinas o vehículos. Era algo dotado de presencia material pero fundamentalmente de una conciencia tan evolucionada y despierta -preclara- como la de un ser humano. De hecho, más “elevada”, intentando huir de toda connotación esnobista o espiritualista (hago un esfuerzo por transmitir la sensación genuina, eso es todo).
Paremos un momento. Porque explicar todo esto y encima soltar la expresión “seres de luz” en un post puede tener sus consecuencias, incluso su “peligro”. Respeto todas las creencias, todas las formas de expresarse y de publicar. Pero no me gustaría que al decir “seres de luz” algunas personas se rieran (soy consciente) o sacaran automáticamente el marchamo de “pirado”, “chalado”, “alucinado” o radical en cuestiones de índole esotérica o espiritual. Aunque no pasaría nada de nada de ser así, el pensamiento es libre. ¿Lo que vi o experimenté se parecería a algo de todo esto?
El sueño no termina ahí. Las luces/seres/conciencias se movían y danzaban en ese cielo diurno, cuando de repente una de ellas se abalanzó directamente hacia mí y me golpeó con total violencia en el entrecejo. Fue una explosión de luz, una sensación como puede imaginarse muy intensa. Tanto que me desperté de golpe y me incorporé en la cama de cintura para arriba, recordándolo todo y totalmente alucinado.
¿Conclusiones? Aquí entraríamos en un nuevo capítulo, la interpretación de los sueños y valorar qué podrían ser y significar. Con sentido del humor podríamos apuntar que quizá ese día (cuando desperté era también de día, curiosamente) recibí -o produje- una dosis extra de sustancia DMT…Quizá ésa es una parte, y quizá hay más -en ese sueño y en todos-.
Tenemos el tema de los chakras…También abierto a muchas interpretaciones. Confieso que estoy más inclinado a creer en la validez y acierto de esas teorías que no al contrario. Si el entrecejo es la supuesta sede del sexto chakra, eso explicaría por qué el impacto fue ahí. Pero es más que eso. Una sensación muy íntima me dicta de forma natural que el entrecejo y el fenómeno de la conciencia están lógica e indiscutiblemente relacionados. De hecho, me hubiera parecido carente de sentido que la luz me impactara en una oreja, el mentón, una mejilla o un hombro…
La interpretación de los sueños y cómo hemos de tomarlos en nuestras vidas es un tema complejo y fascinante. Tenemos, como hemos apuntado, los puntos de vista más arraigados en el análisis científico. El hecho de que el cerebro sea una supercomputadora y que al dormir y soñar reordene, reprocese y depure ingentes cantidades de datos tiene pleno sentido. El hecho de que una pequeña glándula segregue una potente sustancia enteógena que nos haga tener visiones, también. Pero quizá esto es demasiado limitador, quizá hay mucho más. Todos sabemos de las tesis que apuntan a que los sueños podrían ser un portal a otros planos de la realidad, quizá a otros niveles de conciencia, quizá a diferentes universos en un hipotético multiverso. Aparte de hipotéticamente ponernos en contacto con otros lugares, otros tiempos (desplazándose en esas dimensiones) y quizá con otros seres…
Podríamos hacer ahora un ejercicio: Someterme a un teórico interrogatorio sobre estas cuestiones y relacionadas, tal como podría hacer un investigador que interrogara a un testigo de avistamiento OVNI estando despierto. Despejaré algunas dudas, las principales: ¿He tenido otros sueños donde viera más luces brillantes, objetos extraños o supuestos ovnis? No, que yo recuerde. ¿Luces brillantes o quizá seres impactando de nuevo contra mi entrecejo? No, que yo recuerde. ¿Seres interaccionando conmigo, estableciendo algún tipo de contacto o comunicación? No, que yo recuerde, ni soñando ni despierto. ¿Algún otro sueño extraño, o maravilloso, o inquietante? Sí, algunos, pero nada que ver con lo relatado hoy. ¿He sido testigo de algún avistamiento OVNI estando despierto? No. ¿He tenido alguna otra experiencia relacionada con el tercer ojo o de carácter supuestamente espiritual? La verdad es que sí, y quizá algún día lo explique. Pero no había ni ovnis ni luces ni seres. ¿Alguna experiencia extraña que pudiéramos calificar como de extrasensorial? Sí, hay una tan cierta como el aire que respiro, y quizá algún día la redacte en este blog.
Hablemos un momento de algunas de mis creencias o inclinaciones. Porque si no lo hiciera sentiría que no estoy siendo del todo honesto o transparente. Aunque sinceramente no creo que sea un punto relevante en relación a esta historia. Toda mi vida, desde que tengo uso de razón, he sentido un gran interés, una gran admiración y fascinación por la figura del Buda. Espiritualmente sus ideas y doctrinas me llenan mucho más que las del catolicismo, tienen mucho más sentido para mí. Aunque respeto plenamente las enseñanzas de Cristo. Sin embargo, huyo de conceptos como religión, iglesia, credo, clero, alma…y la palabra “Dios” me parece torpe e infinitamente condicionada y contaminada, ideológica e históricamente. Creo más bien en una conciencia cósmica, infinita, eterna y despierta. Y como Buda buscó la verdad y el despertar, responder al quién soy yo y qué hacemos aquí, para mí esa búsqueda tiene pleno sentido porque apunta directamente a esa conciencia. Todos somos esa conciencia, ese ser, porque no hay partes en la realidad ni el universo, todos expresamos la budeidad en todo momento. Ésta es sintetizada mi forma de pensar y sentir. Simplemente la comunico, sin pretender adoctrinar. Ese ser despierto es nuestra verdadera e íntima naturaleza e identidad, pero hay que desterrar toda idea de “Dios”.
(Krishnamurti, un hermoso ser humano, una mente despierta)
Sin embargo, no soy budista practicante en ningún sentido, solamente una persona que se ha interesado y leído libros. Como asimismo libros sobre otras doctrinas orientales, yoga, meditación, psicología transpersonal, o autores como Sri Aurobindo, Ramana Maharshi, D. T. Suzuki, Alan Watts, Ken Wilber o Jiddu Krishnamurti, figura a la que respeto mucho, pues aportó una visión muy crítica y despierta sobre la naturaleza de la mente, los problemas del ser humano y la búsqueda de la verdad.
Hablo de todo esto porque el Buda y mi sueño tienen cierta relación. En primer lugar, por ese impacto en el entrecejo, parece que hay cierto nexo con ese tercer ojo y el tema de la conciencia. Y en segundo lugar porque para mí es muy fácil concluir que esa naturaleza descrita de los seres de luz que se comportaban como OVNIS (felicidad, paz, armonía, conciencia, gozo infinito) se corresponde claramente con la propia naturaleza del que ha despertado, del Buda.
Es curioso, porque dicho esto, al mismo tiempo considero honestamente que no hay ninguna relación de causa y efecto entre el sueño y mi forma de pensar. Es decir, creo que mis ideas, intereses e inclinaciones no condicionaron el que tuviera justo ese sueño, aunque esa conciencia de las luces voladoras se corresponda a la del Buda. Aunque una persona exterior o quizá un psicoanalista podría discrepar profundamente en este punto, y decir que el sueño es consecuencia o expresión de una forma de pensar. Y a la inversa, no creo que haber soñado eso me haya condicionado a posteriori en mis creencias.
Tenemos una pregunta que parece caer por su propio peso, así que voy a lanzarla: ¿Tuve, más que presenciar luces brillantes en el cielo -que también- una experiencia de carácter espiritual? Es posible. Una parte de mí está bastante convencido de que así fue, o por lo menos de que esa visión apunta a algo o significa algo. Y otra parte de mí busca respuestas y se mantiene en una actitud crítica, vigilante, valorando todas las posibilidades, sin olvidar la más obvia: Que fue solo un sueño, en el fondo.
Hasta aquí este artículo. Quiero aclarar, por si aún hiciera falta, que he contado la verdad. Este relato no es una fantasmada. Una vacilada. Una payasada. Una mentira. Una invención. Un engaño. Un farol. Un bluff. Un ejercicio de ficción. Una alucinación. Un colocón producido por alguna droga, y de ser alguna, todos sabemos a estas alturas que fue la N,N-dimetiltriptamina. Cuando algunos científicos andan estudiando las funciones de la glándula pineal, los efectos de la DMT y las imágenes en los sueños y la relación de todo esto con los llamados estados alterados de conciencia, esa especie de portal a otras percepciones, creo que es para tomarse todo este asunto por lo menos un poquito en serio.
De lo anterior se infiere que no escribo y publico esto para dármelas de nada, ni para darme excesiva importancia a mí mismo. No pretendo dármelas de interesante, ni de misterioso, ni de freaky, ni de intelectual (por favor), ni de ser espiritualmente más elevado ni avanzado, ni de visionario, ni de elegido, ni de afortunado, ni de tocado por ninguna varita, ni de iluminado, ni de místico, ni mucho menos de contactado. Fue algo muy hermoso, y por esta razón he querido plasmarlo.