“Colisión de dos mundos. Sitchin, Nibiru y la controversia”
Abordaremos ahora la lucha entre Tiamat y Marduk (Nibiru) desde el punto de vista astronómico, es decir, el cataclismo entre esos dos supuestos planetas. Y nos vamos a encontrar aquí ante un hecho (algunos lo calificarían sin duda de un problema): La alargada sombra de Zecharia Sitchin…
Porque el autor e investigador nacido en la antigua URSS hizo su propia y personal interpretación del poema babilónico de la creación y consideró que el Enûma Elish estaba narrando en realidad eventos cósmicos, y más concretamente la formación de nuestro Sistema Solar. Sitchin fue aún más lejos, al considerar que el soberano Marduk, al acceder al poder, modificó el poema original para presentarse él mismo como el héroe de la epopeya y justificar y glorificar así su ascensión. Algunas hipótesis sostienen que el verdadero héroe podría ser otro, por ejemplo Ninurta (interesante este punto de vista, hemos señalado las grandes semejanzas entre ambos mitos).
El propósito de este artículo en realidad no es o debería ser analizar las posibles verdades o mentiras de Sitchin, sus supuestos errores o aciertos. Ni siquiera discutir sobre si existe en realidad ahí fuera un planeta llamado Nibiru ni si se está acercando…

Sin embargo analizaremos más adelante algunos puntos defendidos por Sitchin, para intentar verificar si la existencia de Tiamat como planeta es creíble o no. Antes que nada, algunas reflexiones…
Si para Sitchin Tiamat en el mito representaba un planeta y tiramos del hilo, por lógica hemos de hablar de Nibiru. Ambos supuestos astros vienen a justificarse mutuamente. Es más, en esa hipótesis de Nibiru colisionando contra y destruyendo a Tiamat (tal como se nos cuenta en esta historia), el primero es la coartada cósmica del destino final del segundo.
De todas estas cuestiones (Sitchin y sus teorías, el planeta Nibiru…) internet, la red de redes, va literalmente llena a rebosar. Nibiru es la gran estrella, y uno acaba constatando que, en un alto porcentaje, decir Sitchin es decir Nibiru a nivel mediático y viral, a nivel de teorías del apocalipsis, de la conspiración y de los misterios sin resolver (que, por otro lado y afortunadamente, existen a cientos). Pero para todos los familiarizados con estos temas, sabrán perfectamente que la cosa no acaba ahí: Con Sitchin (y otros autores y divulgadores) se pone sobre la mesa toda la baraja de cartas relacionadas con Nibiru y la antigua civilización sumeria…

Los Anunnaki, las supuestas civilizaciones extraterrestres, la visita de estos seres en la antigüedad (los astronautas ancestrales), su interacción con el ser humano, decisiva, dándoles el conocimiento, la ciencia, la tecnología, el lenguaje, las bases de la civilización…Es más, la creación del ser humano y de su ADN, la ingeniería genética, la hibridación…

Y podríamos seguir. Y desde luego que la intención de este artículo es tratar ese mito desde las dos vertientes (esos seres fantásticos y los dos planetas) abstrayéndose de todas estas cuestiones e intentando no mezclarlas o introducirlas en el relato, pues no es necesario.
(Bonitas estampas. Hoy por hoy, seguramente sólo ciencia-ficción, fabulación no demostrada. ¿O no?) Pero una cosa sí es segura: Es material jugoso y llamativo en internet.
Sitchin parece haberlo metido todo en un mismo saco, ponerle un lazo y vendérnoslo como un todo, como una verdad. Porque este señor licenciado en la London School of Economics, versado en lenguas antiguas (pero no lingüista) realizó una interpretación y una traducción muy sui generis del poema babilónico -en palabras de otros autores, forzada y tendenciosa- y añadiéndole otros elementos a la cuestión de los supuestos dos planetas: Nibiru como hogar de los Anunnaki. Una órbita elíptica larguísima, de 3.600 años acercándose y alejándose del sistema solar. La necesidad de los Anunnaki de obtener oro para reparar la supuestamente dañada atmósfera de su planeta. La explotación por tanto de yacimientos mineros…

La creación del ser humano para emplearlo como esclavos en esas minas, y unos cuantos puntos más…Todo esto traduciendo muy libremente las tablillas, inventándose diálogos entre los dioses, considerando a estos básicamente humanos (los gigantes o Nephilim de la Biblia) y obviando por completo cualquier naturaleza reptiliana de posibles seres en el origen de la civilización sumeria. No es juzgar todo el trabajo de Sitchin sino resaltar puntos que no son fidedignos (pues ni se mencionan en las tablillas) en cuanto a Nibiru se refiere. La labor de divulgación de Sitchin es valiosísima, y muchas de sus tesis son interesantes. Y sobretodo, hizo algo de incalculable valor: Poner sobre la mesa, ante la opinión pública y la comunidad científica y académica, muchas cuestiones y preguntas de gran calado y no fáciles de responder, como el mismísimo origen de la raza humana, que no es poco.

Pero son muchos los investigadores, divulgadores y autores que han resaltado estas cuestiones polémicas y han discrepado del autor del “12º Planeta”. Algunos se atreven a hablar sin tapujos de “las mentiras de Zecharia Sitchin”, de que nos engañó y se inventó muchas cosas. Por eso es de suma importancia seguir investigando y es de suma importancia las traducciones literales que han hecho investigadores más rigurosos como Federico Lara Peinado o Samuel Noah Kramer.

Volviendo a internet, es triste e inadmisible que mucha de la información que se publica y divulga sobre el tema Anunnaki y el tema Nibiru esté totalmente condicionada, contaminada y viciada por la interpretación sitchiniana. Es más, se dan esos hechos como ciertos y también como cierto que esas tablillas dicen efectivamente lo que Sitchin postuló. Y una cosa no quita la otra, sí que pudieron existir extraterrestres, civilizaciones avanzadas, orígenes increíbles para Sumeria, Egipto o el ser humano, y sí que pudo existir un planeta llamado Tiamat y que podría existir un gran cuerpo extrasolar.
Vamos a exponer la tesis de Sitchin, y para ello haremos una síntesis de las informaciones expuestas en tres webs: elarcadelmisterio.blogspot.com.es, xentinels.blogspot.com.es y losdivulgadores.com/blog.
Lo que hizo realmente Sitchin fue coger prácticamente todas y cada una de las estrofas del Enûma Elish e interpretarlas en clave astronómica: El cruce de Nibiru, la colisión planetaria y la formación de nuestro Sistema Solar tal y como lo conocemos hoy día. Veremos algunas estrofas en este sentido…De pasada, mencionar que otros investigadores, como Leonard William King (sumerólogo), D.S. Allan (Universidad de Cambridge) y J.B. Delair (Universidad de Oxford) se han mostrado en esencia de acuerdo con Sitchin: El poema babilónico narra una catástrofe planetaria, aunque han llegado a conclusiones algo diferentes. Y hay que precisar también que los sumerios, y esto es importante, veían a cada planeta como un ser inteligente, una entidad viva, una deidad en suma, de manera que a veces prevalece la incógnita de si estarán narrando acontecimientos entre gobernantes y seres mitológicos o acontecimientos que sucedieron en los cielos…

“Cuando, en las alturas, el Cielo no había recibido nombre, y abajo, el suelo firme [la Tierra] no había sido llamado; nada, salvo el primordial APSU, su Engendrador, MUMMU y TIAMAT -la que les dio a luz a todos; sus aguas se entremezclaron. Ninguna caña se había formado aún, ni tierra pantanosa había aparecido. Ninguno de los dioses había sido traído al ser aún, nadie llevaba un nombre, sus destinos eran inciertos; fue entonces cuando se formaron los dioses en medio de ellos.” (Extracto del Enûma Elish).
Es decir, según Sitchin, los planetas aún no se habían formado, y sus destinos (sus órbitas) aún estaban por determinar. Sólo existían tres cuerpos: APSU (el Sol), MUMMU (Mercurio) y TIAMAT. Al principio de todo las «aguas» de Apsu y Tiamat se mezclaron (y de ahí surgió el primer planeta, Mercurio). Se refiere a las aguas primordiales, los elementos básicos generadores de vida del universo. Apsu, por tanto, es el Sol, «el que existe desde el principio». El más cercano a él es Mummu. El relato deja claro más adelante que Mummu era el ayudante de confianza y emisario de Apsu: una buena descripción de Mercurio, el pequeño planeta que gira con rapidez alrededor de su gigante señor. De hecho, ésta era la idea que los antiguos griegos y romanos tenían del dios-planeta Mercurio: el rápido mensajero de los dioses. Vemos aquí una interesante correlación con el principio del mito, y también es importante que al mezclarse las aguas, Tiamat, que simboliza el agua salada y es la diosa dadora de vida (y que Sitchin considera un gran planeta acuoso), acabe convirtiéndose según esta teoría en el planeta Tierra, justamente donde se alberga la vida -que sepamos- en nuestro Sistema solar.
Podemos seguir con otra estrofa:
“Antes de que (Lahmu y Lahamu) hubieran crecido en edad y en estatura hasta el tamaño señalado, el dios ANSHAR y el dios KISHAR fueron formados, sobrepasándoles [en tamaño]. Cuando se alargaron los días y se multiplicaron los años, el dios ANU se convirtió en su hijo -de sus antepasados un rival. Entonces, el primogénito de Anshar, Anu, como su igual y a su imagen engendró a NUDIMMUD.” (Extracto del Enûma Elish).
Es decir, se crearon Marte y Venus, que pasaron a ocupar la segunda y tercera órbitas respectivamente, y después Saturno y Júpiter, planetas mayores que les sobrepasaron en tamaño y ocuparon las posiciones quinta y sexta (Tiamat ocupaba la 4ª órbita). Se hace referencia al paso del tiempo (miles de años) para que el sistema se fuera formando. Después Saturno (Anshar) engendra a Urano (Anu) y éste a su vez crea a Neptuno (Nudimmud).Se alude también a las grandes similitudes entre Urano y Neptuno en cuanto a posición y tamaño.
Después de esto, algunos planetas comenzaron a «forjar» satélites. Entre los satélites de Saturno se contaba Gaga, el actual Plutón…
Éste es el Sistema Solar primigenio, según la interpretación que hace Sitchin de esas tablillas. Notemos que no están en él ni la Tierra, ni la Luna ni Nibiru, y que Tiamat es un gran planeta mayor que Venus.
En aquellos inicios, las órbitas planetarias no estaban del todo establecidas, y los planetas hacían movimientos erráticos. (“Los hermanos divinos se agruparon; perturbaban a Tiamat con sus avances y retiradas. Alteraban el «vientre» de Tiamat con sus cabriolas en las moradas del cielo”). Con “alteraban el vientre de Tiamat” se refiere a que ponían en peligro la órbita de este planeta. “Apsu no podía rebajar el clamor de ellos; Tiamat había enmudecido con sus maneras. Sus actos eran detestables… molestas eran sus maneras”. Es decir, que la fuerza de gravedad del Sol no era suficiente para corregir esa caótica situación. Al leer estas líneas, hemos de verlo en clave planetaria pero al mismo tiempo recordar el mito clásico en todo momento (en esos inicios del relato, Apsu y Tiamat estaban muy molestos con el bullicio de sus “hijos”, que no les dejaban descansar)…

Éste es el escenario que encontró el planeta Marduk o Nibiru (nombres babilónico y sumerio, respectivamente) a su llegada a nuestro Sistema Solar, hace 3.900 millones de años.

De Tiamat se desprendieron 11 trozos de materia, una horda «rugiente y furiosa» que pasaron a convertirse en sus satélites, siendo Kingu el mayor de ellos. ¿No nos suena esto familiar? Sí, los 11 monstruos o demonios que acompañaban a Tiamat.

Al pasar por Saturno, Nibiru expulsó a su satélite Gaga a los confines del Sistema Solar, ocasionándole una extraña órbita elíptica. Gaga o Plutón pasó, entonces, a convertirse en el noveno planeta del Sistema Solar.
Además de esto, Nibiru le arrebató otros tres satélites («Viento del Mal», «Torbellino» y «Viento Incomparable»), que quedaron girando a su alrededor, junto a los cuatro anteriores. Desde entonces, Nibiru posee 7 satélites naturales.
Después Nibiru golpeó el hemisferio sur de Tiamat, convirtiéndolo en miles de pedazos, que se esparcieron en una banda que hoy conocemos como el Cinturón de Asteroides, que hasta hoy se mueve en el mismo sentido retrógrado que Nibiru y los cometas del Sistema Solar.

En las tablillas mesopotámicas se conoce al Cinturón de Asteroides como «El Brazalete Celestial», «El Brazalete Repujado», «El Firmamento», o «Cinturón de Aguas Congeladas». Desde entonces, este Brazalete o Cinturón separa a los llamados planetas interiores de los exteriores.
Mientras tanto, el hemisferio norte de Tiamat, que aún sobrevivía, se acomodó en una nueva órbita, entre Venus y Marte y, lentamente, fue tomando forma y recuperándose, hasta llegar a convertirse en la Tierra actual.
El lugar donde impactó Viento Norte, empujando al hemisferio norte de Tiamat, es lo que conocemos hoy como la cuenca del Océano Pacífico, y supuestamente, según algunas fuentes, se puede ver la huella de la formidable colisión…
El resto de la historia ya la conocemos: En la Tierra acabaría surgiendo la vida después de millones de años, mientras que en Nibiru, según Sitchin, surgió muchísimo antes, y esa raza Anunnaki llegaría a la Tierra hace medio millón de años para acabar creando al ser humano mediante ingeniería genética, pero ésa es otra larga historia.















































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